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martes, 17 de diciembre de 2024

 



            CINEMA PARADISO, Michel Camilo & Tomatito






Manuel Vilas



Sé que moriré sin leer muchos libros que me hubieran salvado la vida. Se quedarán perdidos, sepultados, escondidos, en el caos de mi biblioteca o de otras bibliotecas. Cientos de libros excepcionales no serán leídos nunca por seres humanos excepcionales. Por eso me sonrío cuando los editores de revistas, o de periódicos, o de libros, me piden textos inéditos. Pienso: Cervantes es un escritor inédito para el 90% de los españoles. Toda la historia de la literatura está inédita para millones y millones de seres humanos que no leen (…) 


Don Quijote, cumplidos los cincuenta, dejó de leer y eligió vivir. También yo cierro los libros, como hizo Don Quijote, y me levanto de la mesa, y salgo a la calle. Y descubro entonces la hermosura de la vida. Y me pongo muy nervioso, porque todo es ferozmente intenso: la gente, las calles, los árboles, las casas, los semáforos, las nubes, las tiendas. Y entonces regreso a mi casa. Y no quiero que nada se pierda. Y abro el ordenador. Y escribo, como escribieron cientos de seres humanos antes que yo, con la misma intención de que no se desvanezca la hermosura de la vida. Somos una cadena de fantasmas enamorados. Celebremos las páginas que hombres y mujeres escribieron al servicio y dictado de la vida y que no leeremos jamás. 






jueves, 28 de noviembre de 2024

 


 EL MEJOR LIBRO DEL MUNDO, Manuel Vilas


(NOTAS PARA UNA FUTURA RESEÑA)




RESPIRO 3, Olivia Belli









Hace años obtuve algún pírrico emolumento con la escritura de unos pocos artículos académicos. Después, cuando publiqué muy ocasionalmente en EL PAÍS, en LA RAZÓN y en ABC (aquí únicamente una carta al director), sentí algo parecido a un engañoso prestigio, una satisfacción ingenua que me animaba a seguir. Han transcurrido también muchos años de las reseñas que publiqué en el suplemento Artes y Letras de INFORMACIÓN. Y ahora disfruto con breves textos que dan cuenta de mis lecturas, sin importarme si se ajustan a ese canon subjetivo de lo que debe ser una crítica. Por eso comparto estas “Notas para una futura reseña”, a sabiendas de que nunca la escribiré.


1. En esta obra de Manuel Vilas no existe ese planteamiento, nudo y desenlace habitual en las novelas, pero ya sabemos que este género es muy laxo y que todo lo que se vende como novela se considera como tal. Es un cajón de sastre donde cabe todo, incluso este último libro de Manuel Vilas, que se adentra en ese pantanoso e inestable territorio de la autoficción, aunque creo que nos cuenta su verdad.


2. Que no se me olvide insistir en que me gusta su escritura digresiva, aunque poco digestiva cuando se torna pesimista, pero muy grata cuando abunda en el humor. Se empeña en recordarnos de manera recurrente que él solo anhela la comedia, la alegría, la bondad que salva, aunque considero que la novela tiene bastante de tragicomedia, pues está trufada de todas sus obsesiones e inestabilidades –incluida su adicción a la “farmacopea”– que le afectan como hombre y escritor. 


3. Leer a Manuel Vilas es someterse a una escritura trepidante que aborda temas insospechados para el lector (sus manías, su amor a los relojes, su preocupación por el paso del tiempo, su obsesión por la belleza, su amor a la comida y a los hoteles, y muchas cosas más). Sorprenden sus desdoblamientos en unos personajes que de alguna manera definen rasgos de la personalidad del autor. Me refiero al papel que desempeñan Mendigo Enamorado y Carmelita Descalzo.


4. El mejor libro del mundo sigue la senda de Ordesa en esa constante recreación de su mundo familiar; una novela llena de alusiones a su padre, a su madre, a sus hijos y a su pareja, Ana Merino, así como a algunos escritores amigos.


5. También es un homenaje a sus autores preferidos (Kafka, sobre todo, a quien escribe una carta) y también a Cervantes, o mejor, al personaje don Quijote, una creación ficticia que en el futuro –según M. Vilas– eclipsará a su creador. Admira a Juan José Millás, Luis Landero y J. Gil de Biedma, entre otros. Cita las obras literarias por las que siente admiración. Insiste en la fascinación que siempre ha sentido por el cine y las bandas sonoras, y reconoce que han ejercido una gran influencia en su formación como escritor. De manera subjetiva, opina sobre la vida literaria y el mundo editorial.


6. A ver cómo comento, sin ánimo de polemizar, que me ha sucedido lo mismo que cuando leí Ordesa: me parecen novelas muy largas en la medida en que, al no plantear una trama concreta, las elucubraciones del autor se hacen en alguna ocasión  reiterativas.


7. Y para terminar mi futura reseña, pondré algún texto que me haya llamado la atención. Escogeré entre los siguientes:


-“La evidencia de que Dios no existe es un logro natural de mi capacidad de comprensión de la vida”.


-“Llevo muy mal otro asunto, es el asunto de que todos los escritores que conozco escriben porque quieren hacerse famosos, ganar dinero y tener prestigio”.


-“La literatura, la fe en la literatura es una de las grandes humillaciones en que hemos caído miles y miles de seres humanos”.


-“Solo hay un camino: la bondad absoluta”.


-“Ser nadie es una forma de libertad”.


-“Me hipnotiza el poder igualitario de la muerte”.


-“En el amor al padre me quedo siempre con Manrique”.


-“Yo no soy un escritor, sino un adicto a las palabras, un adicto a la vida que hay en las palabras. Bienvenido al país de las maravillas, a la máxima fluctuación de los pensamientos y de las formas”.


-“El destino de los escritores españoles es el olvido profundo, del que solo se han salvado dos en quinientos años: Cervantes y Lorca”.


-“El envejecimiento te hace tolerante. La tolerancia es una conclusión de la inteligencia. Te haces tolerante en moral y en política, pero a la vez te guardas para ti, para tu corazón, el misterio de la belleza.

No hablas con nadie, solo buscas un poco de belleza”.


-“Y lo diré una vez más para que me quemen vivo los poetas españoles: la poesía está muerta y enterrada. Pero yo la seguiré escribiendo, porque es la única forma que tengo de bendecir la vida”.


-“Ver un montón de películas al día te distrae de ti mismo. Prefiero ver películas que leer novelas. Me cansa menos. Las novelas me ponen nervioso porque pienso que todo el mundo escribe mejor que yo y entonces me deprimo”.


-“Las interpretaciones de las obras literarias, especialmente en lo que a la poesía se refiere, son actos de fe. No sirven para nada”.


-“Virginia Woolf escribió una novela que cambió mi vida, esa novela se llama Las olas”.

“Mi enfermedad es la literatura y mi medicación contra la literatura es la literatura, mi oficina es el fuego”.


-“Todos los seres humanos de este planeta buscamos lo mismo: el placer de vivir. Comemos, viajamos, trabajamos y hacemos el amor a la búsqueda siempre del profundo acto de la celebración de la vida”.


-“Adiós, Dostoievski, hemos terminado para siempre. Vete con otro o con otra, yo ya no te aguanto más. Eres el pelmazo más adorable no de la historia de la literatura sino de la historia de la solemnidad”.


-“Envejecer al lado de otro es un regalo de la vida”.






miércoles, 24 de julio de 2019






ORDESA,  
Manuel Vilas


Lo confieso: yo también he leído Ordesa. Y he leído muchas críticas favorables. Mi reseña esta vez será breve, brevísima: el libro me ha gustado, aunque no le habría sentado nada mal alguna dieta de adelgazamiento en sus páginas.
       Consta de 157 entradas numeradas y un epílogo de 11 poemas, cuya temática es afín al contenido de la novela (¿?), de la autoficción o de la biografía novela, pues todo cuando se dice –y así lo ha afirmado su autor en alguna ocasión– es verdad. Y esta verdad no le confiere ningún valor añadido a la novela, si no fuera por el tratamiento estilístico de lo contado. El libro es un homenaje a sus padres, a los que tanto quiso y con quienes siempre estará en deuda. Pero lo importante no es que estemos ante una elegía hímnica  –lo que no deja de ser un extraño oxímoron–, sino que hay que encontrar lo sobresaliente en el estilo, un artificio en el que el autor se regodea, sabedor de sus cualidades. Se trata de una novela acumulativa, que se lee con la misma velocidad vertiginosa con la que se olvida, a no ser que el lector tenga la paciencia de ir subrayando aquí y allá algunos párrafos esenciales. Simplificando mucho mi interpretación, sobresalen varios aspectos: me resulta sugerente la creación de esa Voz que le habla al propio narrador-personaje, algo así como su conciencia; me convence el acierto de referirse a los personajes con los nombres de los grandes músicos de la historia, así Wagner será su madre, Bach, su padre, etc.; me resulta original ese tránsito entre la materialidad de lo narrador (objetos, cosas) y la reflexión filosófica sobre aspectos que el autor elige (muerte, capitalismo, desamparo, educación, la vida…); y me parece acertado el estilo en general, un estilo entre poético y filosófico, que permite al escritor manejarse con absoluta creatividad. Creo, no obstante, que hay más poesía en la prosa –muchos capítulos acaban con alejandrinos y endecasílabos– que en los propios poemas del epílogo, excepto “El Crematorio” y “974310439”. Suele concluir muchos capítulos con versos logrados: “Mi padre fue un artista del silencio (p.60); “La música de mi corazón atolondrado”(p.221); “El Mediterráneo fue su única patria” (p.262); “Bailas conmigo una danza de amor” (p.357).
       Dejaremos al margen las consideraciones temáticas, pues estamos ante una vida fragmentada que nos muestra el itinerario biográfico del propio Manuel Vilas, alguien que después de vivir en los infiernos del alcohol es capaz de amar la luz de la vida, alguien que decidió vivir a beber, es decir, cambió las “bes” por las “uves”, como él mismo explica de manera ingeniosa. Y ahora me pregunto que cómo es posible que alguien que ama tanto la vida hable tanto de la muerte, de la presencia fantasmal de sus seres queridos, del dolor de las ausencias, de los afectos inexplicablemente rotos, de la extinción de todo, de eso que para el escritor es la extinción: la muerte.
       En ocasiones asoma la ironía e incluso el humor. Véase el capítulo 13, referido a esos jóvenes perdidos, al Coliflor, cuya trágica vida llega a conmovernos.


ADENDA

Como  el propio Manuel Vilas dijo en una charla en Elche que era un melómano compulsivo, me atrevo a proponer esta música que sugiere (¡qué simplificación!) el contenido del libro.  
       He aquí unos textos que deseo compartir:
-“Si no sabes alimentar a tus hijos, no tienes ninguna razón para existir en sociedad” (p.15).
-“Mi madre era una narradora caótica. Yo también lo soy. De mi madre heredé el caos narrativo. No lo heredé de ninguna tradición literaria, ni clásica ni vanguardista” (p.22).
-“Cuántas veces llegaba yo a mi casa, cuando tenía diecisiete años, y no me fijaba en la presencia de mi padre, no sabía si mi padre estaba en casa o no. Tenía muchas cosas que hacer, eso pensaba, cosas que no incluían la contemplación silenciosa de mi padre. Y ahora me arrepiento de no haber contemplado más la vida de mi padre. Mirar su vida, eso, simplemente.
       Mirarle la vida a mi padre, eso debería haber hecho todos los días, mucho rato” (p.73).
-“La verdad es lo más importante de la literatura. Decir todo cuanto nos ha pasado mientras hemos estado vivos. No contar la vida, sino la verdad” (p.77).
-“Es lo único que debe hacer un profesor: enseñar a sus alumnos a amar la vida y a entenderla, a entender la vida desde la inteligencia, desde una festiva inteligencia; debe enseñarle el significado de las palabras, pero no la historia de las palabras vacías, sino lo que significan” (p.112).
-“Mi memoria pone en pie una visión del mundo catastrófica, ya lo sé, pero es la que yo siento como verdad” (p.197).
-“Que te espere alguien en algún sitio es el único sentido de la vida, y el único éxito” (p. 236).



UNKNOWN (TO YOU)
Jacob Banks