martes, 20 de octubre de 2026

 




HABITACIONES DE EXISTIR, (Poesía reunida 1999-2024), 

Miguel Sánchez Robles



ALABANZA DE UN ESCRITURA SINGULAR







LA VIDA QUE ESPERÁBAMOS


Dicen que el mundo entero

ha comenzado a ser ceniza,

pero hoy hace sol,

es domingo en las flores de todas las iglesias,

la luz es muy hermosa,

el aire huele a limpio

y da gusto estar vivo.


No sé si esta es o no

la vida que esperábamos.

Pero es muy probable

que sí sea el lugar.



Para comenzar mi comentario sobre este libro (Habitaciones de existir), que reúne gran parte de la poesía que Miguel Sánchez Robles ha escrito durante los últimos veinticinco años, me sirvo de dos recuerdos. 


El primero tiene como protagonista al autor. En el otoño del 90 del siglo pasado estaba yo en la biblioteca municipal de Caravaca preparando mis clases, unos conocimientos que luego compartía con alumnos y alumnas del IES Pérez Chirinos –ese centro en el que Miguel Sánchez Robles tiene el honor de dar nombre a la biblioteca–. Me sorprendió verle mientras ojeaba algunos libros de poesía. Volví a coincidir con él unos años después en Algeciras, con motivo de un premio literario. El valor de ese primer recuerdo radica en que fue en ese momento cuando comencé a leer su poesía, un quehacer que desde entonces me ha acompañado.


Y el segundo recuerdo es una imagen que ha perdurado durante el proceso de lectura y que, de algún modo, me ha permitido advertir la coherencia de su prolija obra poética. Recuerdo que hace años estaba en las inmediaciones del desierto del Sáhara, en el sur de Túnez. Tenía sed y estaba cansado. A lo lejos atisbé un grupo de personas. De inmediato me alegré de ver algo de civilización. Cuando me aproximé comprobé que se trataba de una pequeña aldea dispuesta de un modo original: a las casas, escondidas debajo de la tierra, se accedía por las lomas de una pequeña colina. Y lo más sorprendente para mí fue que todas confluían en una plaza interior, que vista desde arriba parecía una plaza. Así veo ahora la poesía de Miguel Sánchez Robles: esa plaza que contiene toda su obra poética sacia mi sed lectora, y desde allí se accede a través de las puertas a esas habitaciones de existir a las que el poeta se refiere, y que vendrían a ser algo así como las partes temáticas de su poesía. Él lo expresa del siguiente modo: “Cada texto es una habitación donde algo fue vivido con intensidad y cuidado, donde algo dolió o produjo la dicha”.


En todas esas habitaciones late la vida. Y por eso existe la habitación del amor; la habitación del paso del tiempo con su tratamiento elegíaco o hímnico; la habitación del dolor y la tristeza; la habitación de los padres y la infancia; la habitación de la escritura donde se reflexiona sobre el sentido de escribir poesía; la habitación de la identidad personal, necesaria para alguien que se busca, como el Narciso de Caravaggio que ilustra la portada del libro que nos ocupa;  la habitación de las galerías del alma, de ese espacio machadiano donde el poeta se interpela; y la habitación de la mística y de la búsqueda de ese algo transcendente que dé sentido a tanta nada.


La antología que ahora comentamos se organiza en ocho bloques temáticos y reúne poemas de sus veintidós libros publicados, una producción que ya había obtenido los premios más importantes de nuestro país. Creo, por tanto, que es una ocasión única para hacerse una visión global de la singular escritura de este escritor,  quien además consigue, con un original estilo, establecer vasos comunicantes entre sus poemas, cuentos y novelas. Es una oportunidad para descubrir una poesía que calma la sed y despierta del letargo de existir. Quienes no hayan leído la poesía de Miguel Sánchez Robles, créanse que tienen razones para estar felices, porque disponen de un libro espléndido que homenajea a un escritor atípico por auténtico, con un mundo propio en el que la belleza conmueve, la tristeza alimenta una mirada compasiva al mundo, y la literatura tiene un sentido y da también un sentido a nuestras vidas. Y quienes conozcan la obra de este autor se recomienda que hagan esfuerzos para desaprender y poder disfrutar de nuevo de la lectura de esta poesía sin el bagaje de lecturas previas que a veces contaminan.


Considero que el autor cierra un círculo con esta obra que hace justicia a toda una vida escribiendo poesía. Y siento, sin embargo, que MSR sigue siendo un escritor de las orillas, un outsider honorable, a los que muchos leemos y admiramos. Aunque sé que esto de la Literatura es algo así como un inmenso panal ingobernable, el azar puede hacer que alguien descubra de repente su obra, y entonces agradecerán conocer a un escritor libre, un obrero díscolo y original en los márgenes de esa inmensa colmena en la que se ha convertido la Literatura.


  No pierdan el tiempo y léanlo. Se sorprenderán. Estamos ante un escritor inmenso e intenso. Yo tuve la suerte de descubrirlo hace mucho tiempo, y escribí: “La escritura de Miguel Sánchez Robles es una hermosísima respuesta poética, rebelde y compasiva ante lo absurdo de este mundo”. Y hoy sigo pensando lo mismo.


Estas palabras elogiosas no quieren ser gratuitas, sino sostenidas por la calidad literaria de la obra poética de Miguel Sánchez Robles, que, a mi juicio, presenta los siguientes aciertos.


 

1º. MSR aborda y reelabora los temas constantes de la literatura, fundamentalmente de la poesía lírica, y lo hace desde una perspectiva estrictamente personal. Basta leer un poema suyo para saber que pertenece al autor caravaqueño. Pero esa tendencia hacia la poesía amorosa está teñida en ocasiones de un halo de tristeza, al tiempo que transmite el temblor de la belleza y su decadencia, como si la muerte estuviera siempre enamorada de la vida. Así lo expresa en algunos versos sueltos: “La vida es un alud de barro con diamantes”. Y soy consciente de que un verso no salva un poema, pero son tantos los aciertos que no me resisto a sugerirles que lean con atención “Belleza” (“Te veo / y sé que podría llegar a amarte como a nadie”…), o  el siguiente poema titulado “Instrucciones para seguir viviendo”:



Adoro despertarme cada día,

este grato sabor de amarte tanto,

la limpia claridad, el suave espanto

de ver la luz del sol

y esa alegría

que hace de la existencia idolatría.

El mar, la gratitud,

el dulce encanto,

el bello despertar para mirarte.

Venero este vivir,

sentir que existo,

amarte en el dicterio y en la muerte,

soñarte en el pasar mis noches tristes.

Acabo de cumplir setenta años

y así te invoco, Vida, dulce engaño.

Te quiero para siempre agradecido,

que lata el corazón,

que siga vivo.



 

2º. Miguel Sánchez Robles es un poeta del presente. Su poesía nace de la mirada asombrada y generosa hacia un mundo en el que ser auténtico no se premia y conlleva, además, el autoexilio y cierta incomprensión. Sus poemas exigen una amplitud de miras del lector, porque la belleza duele y la indiferencia mata, porque vivir sin dignidad es morir lentamente; porque sus poemas emocionan, tanto por los sentimientos que exponen como por las injusticias y el desamor que muestran; son versos que ponen los pelos de punta hacia adentro, siempre hacia dentro, y arañan el corazón.


MSR es un escritor que ama la vida, que la nombra, que extrae de ella esquirlas de poesía que luego incrusta en sus poemas. No es un poeta retórico, ni mojigato, es un poeta hondo, lírico, crítico, que nos regala hermosas imágenes para hablar de la belleza y de la tristeza que traspasa. Por eso me gusta esta poesía, porque traza un camino nuevo y no trillado. Este escritor no es un epígono de ningún poeta, no puede serlo, y, sin embargo, pudiera ser el mentor de muchos otros.


En este sentido, su poesía muestra una mirada crítica hacia el mundo, como sucede en “Ansiolíticos caducados” (p. 100), donde se dice: “Y me pregunto / por qué a las personas buenas / les tocan vidas de mierda”; o como sucede en “Bienestar”, (p. 130) y en “Yonquis” (p. 127), en los se alude a seres olvidados:

 

Tengo un auténtico resentimiento profundo

hacia el mundo actual y sus instituciones.

Me dedico a contar

las ventanas iluminadas de los rascacielos

y a imaginar qué hay dentro.


[…]


Pero cuando quiero ponerme contento,

miro un poco las ramas de los árboles

o me fijo en la luz

y en las palomas que vuelan,

las sigo

hasta que se me pierden detrás de los pinares.

Una vez vi a una paloma volar,

me pareció magia

y quise mucho ser ella.

Irme de aquí con ella.

¡Dios, qué bien volaba!

Jamás lo olvidaré.


Se enfrenta al absurdo del mundo con un pensamiento descreído, que reconoce la complejidad de existir:  “Pero saber estar bien en el mundo / es cada vez más difícil”. Son postulados muy cercanos a cierto nihilismo, pero que conviven con la vía mística y con cierto afán de transcendencia: “Yo sé, Señor, / que estás en todas partes mientras rumian los bueyes / y los pájaros cantan, / mientras las llamas arden en los pebeteros, / mientras se extrae ADN de la boca de un perro…”. ¡Y cuántas veces se invoca a Dios!, como si solo un ser supremo pudiera ordenar el caos en que vivimos. Así se expone en un magnífico poema titulado “Vigilia para un cordero blanco” (p. 158), o en “Nosotros” (p. 251), o en el original “Europa después de haber llovido” (p. 262).


La poesía de Miguel Sánchez Robles es en ocasiones un faro moral que señala la tristeza que existe en el mundo, una conciencia crítica ante las injusticias, un “compromiso social” y poético no carente de belleza literaria. El poeta se muestra sensible a esa realidad de la prostitución:



Dios te salve, criatura,

cuyos ojos me miran

como azules palomas espantadas.


[…]


Yo lloro por la nada

de tu carne tan blanca,

ninfa de carretera,

muchacha a quien escribo

estas breves palabras

como un beso en la frente,

muchacha que respiras

como a un animal triste

que no redimirá la humanidad.




3º.  Aparte de acertados poemas en los que reflexiona sobre la importancia de escribir (“Confesión, p. 587) ), va creando un texto único que se retroalimenta y se nutre de su propia obra en una suerte de acertada intertextualidad, un texto cada vez más enriquecido, hasta el punto de que incluye en sus poemas títulos y personajes de sus obras anteriores: “Ser mayor es muy triste / porque puedes morirte cualquier tarde, / vomitar para siempre la sucia piel del mundo” (p. 16).


Su poesía está llena de imágenes novedosas, hermosas, emocionantes, no estridentes, perfectamente inteligibles: “La vida es un puñado de ceniza encendida, / algo que se deshace como un grumo de sal / o una mariposa que se abrasa los ojos”.  O esta otra: “Y el tiempo es una lágrima / que se escurre en los ojos de cualquiera”.


Reflexiona de manera recurrente sobre el valor de la escritura, un quehacer que salva:


Escribo por si fuera cierto

que todo tiende a la nada.

Escribo porque siempre he querido

ver algo de belleza

en todo esto que llamamos vida

y no sabemos para qué sirve

ni para que nos la dieron.


Y en otro poema regresa a esa idea:


Escribir porque la literatura

es la única forma de escapar

de un laberinto inútil en el que no hay salida.

Escribir es también un estado de quietud.

Escribir, no para ganar un premio

ni para conmover a una muchacha,

sino para estar vivo, más vivo.


4º. Manifiesta una irreductible admiración por la mujer, al tiempo que elogia su poder transformador, como sucede en “Muchacha y gratitud” (p. 153). Así se advierte en versos donde están presentes el amor, el deseo y la belleza de la mujer:



BELLEZA


Te veo

y sé que podría llegar a amarte como a nadie.


Te veo

y amo tus lágrimas que todavía no han sido,

el hueco entre tus muslos,

tu bicicleta blanca,

tu pulsera de plata en el tobillo,

el ruido que te debe de hacer el corazón,

amo tus piernas suaves mojadas por la lluvia

y la comisura de tus labios tristes.


Te veo

y mis ojos te miran

igual que los de un loco

que lo soñó ya todo.




CLAVÍCULA


Me gustaría verte

como si yo no existiera en tu vida

y estuvieses en alguna fiesta

con una copa de cristal en la mano

y por la clavícula te asomase

el filo precioso del encaje negro de tu sujetador,

debajo de tu camisa de color amapola.

Mirarte muy despacio

como lava la lluvia una piedra callada.

Entrarte al corazón

para quedarme allí,

igual que las palomas

que se van a dormir a las estatuas.


[…]

 

A veces no soporto lo mucho que las amo.

Sobre todo a esas mujeres con pantalones de peto

cuando te paseas con ellas por el monte,

te besan con dulzura

o te cuentan su vida

a la velocidad con la que late

el corazón de una libélula.


[…]


Sobre todo a esas mujeres

que se salvan rompiéndose

para renacer.



5º. Me gusta la poesía de Miguel Sánchez Robles porque es una síntesis original de muchas fuentes: su fuerza emocional y metafórica es fruto –tal vez– de una personalísima suma de poesía rehumanizadora (José Hierro y Luis Rosales, entre otros), de algunos poetas del 50 que atienden al aquí y al ahora, y de otros que desde la generación del 27 hasta el presente no desprecian el valor de la imagen ni de la metáfora. Para MSR toda la realidad es canto y dolor al mismo tiempo, y toda la realidad es materia que puede convertirse en poema. Diría que la de MSR es una poesía total que poetiza sobre todo.


Dentro de esta mirada compasiva hacia la realidad sobresale una frecuente recreación del mundo de la infancia. Así se expresa en el siguiente poema:


Yo era un niño muy bueno

que miraba al jardín cuando llovía

y mi vida temblaba

como un mirlo en la nieve

y mamá me llamaba

mi pequeño Paul Newman,

me vestía de blanco

y me cogía la mano

para llevarme a misa los domingos.

     

 

6º. Me gusta la poesía de MSR porque elabora versiones coetáneas de los tópicos literarios. Aparte de cierta vanitas vanitatis en poemas donde se reflexiona sobre la nada que seremos, también es habitual el tempus fugit, tal y como puede verse en “Tiempo” (p. 126)  y en un poema excepcional, “El fuego de los fósforos” (p. 87), porque todo lo vivo está destinado a desparecer: “Siempre necesitemos / todo ese falso interés por Picasso o Joyce; / o esas pequeñas rutinas de fingir cada día / que algo nos importa de verdad, / o estudiar décimo de piano, / o viajar y echar fotos para colgar en Facebook: ‘Durmiendo donde durmió Patti Smith’”. Y luego está el amor, esa dulce golosina necesaria: “Y yo pienso en tu boca / como un mapa de luz / sobre la niebla”. Y junto a esta conciencia del tiempo (“Mirar hacia el pasado es mi futuro”) hay también un intento de captar el instante, un instante de plenitud (“No doler”, p. 162).


Asimismo, halla en la naturaleza un refugio, pues su amplia mirada le lleva a nombrar a animales (mirlos, cisnes, cuervos, colibríes, gorriones…) árboles y los seres humanos que viven en las orillas del mundo (mendigos, joven tristes, derrotados por el sistema…):


Me acerco al mar para ver lo que hace.

El mar a veces es así de blanco,

tiene la luz de un quirófano

y esqueletos de pera en sus suburbios.

Es un sarcoma nervioso.

Su corazón es como un trapo teñido de azul.

Y en sus ojos te muestra

lo que habita en los sesos de los niños delgados.

 

Hay hombres que se sientan

debajo de un almendro

y miran mucho al mar,

dulces como cangrejos de agua dulce.



Y quizá sea “Los cables de la luz” (p. 57) un poema que pueda sintetizar esa visión del mundo de Miguel Sánchez Robles.



7º. Hay un eje temático importante (“otra habitación de existir”) que es la familia, el padre que vuelve del trabajo, siempre la madre, y también ese nieto que todavía no ha tocado la nieve ni acariciado un pájaro, pero que vive ya en el poeta y acentúa la eterna fugacidad de todo lo que existe (p. 90). Y se cierra la antología con el recuerdo emocionado de la madre, con una elegía que nos deja en los labios el cálido regusto de querer seguir leyendo a este autor. Valgan como ejemplo estos versos:


A veces veo brillar los ojos de mi madre.

Mi madre, tan enferma que se murió muy joven,

mi madre junto al mar, mi madre en los quirófanos,

tan frágil y sublime como un mirlo temblando entre la nieve,

mi madre y el perfume de los ángeles.



8º. La poesía de Miguel SR oscila entre un respeto riguroso a las convenciones de la métrica y un verso libre que se acomoda en los poemas donde el ritmo del discurso requiere mayor extensión y libertad expresiva. Y no puedo dejar de señalar otro aspecto esencial: una voluntad de ampliar el léxico habitual de la tradición poética, un vocabulario enraizado en el aquí y en el ahora del poeta. Así puede advertirse e el poema: 


Siempre mirar un río

te llena de sentido

cuando ha muerto tu infancia,

cuando ya solo quedan

la alegría del vodka,

los recuerdos,

la espera,

la cirrosis

y tarjetas de crédito

que ya ha pasado todas las ranuras.


Y para acabar quisiera afirmar que sus poemas indagan en la belleza de existir. Así lo expresa el autor: “Hoy adoro la vida, / existir en la luz, / ser azul en el mundo”.







Título: Habitaciones de existir

Autor: Miguel Sánchez Robles

Editorial: Villa de Indianos

Páginas: 600

Año: 2026