miércoles, 5 de agosto de 2026

 



GEORGES STEINER, EL HUÉSPED INCÓMODO,

Nuccio Ordine



Poco a poco voy leyendo todos los libros divulgativos que, antes de su repentina muerte, publicó Nuccio Ordine (Diamante, 18 de julio de 1958-Cosenza, 10 de junio de 2023). Que me gustaran mucho La utilidad de lo inútil, Clásicos para la vida y Los hombres no son islas, me ha empujado a leer este breve ensayo dedicado al gran humanista Georges Steiner (1929-2020), un autor del que el estudioso italiano explica la claves temáticas de sus principales obras.

El libro se abre con una encomiástica síntesis de la personalidad de G. Steiner, su admirado maestro; continúa con una entrevista póstuma que se publicó en Corriere della sera; ofrece una breve reflexión sobre el interés de Steiner por la ciencia; analiza en otra conversación la ruptura del gran experto en literatura comparada con la revista literaria The New Yorker; reivindica en otro capítulo el rigor filológico que Steiner siempre admiró en Sebastiano Timpanaro y que ha sido seña de identidad de su vocación literaria; y comparte en el último capítulo su inquebrantable fe en la necesidad de Europa.

Algunos de los aspectos que se plantean en este breve ensayo son: una honda defensa de la amistad, de la importancia de la educación para transformar el mundo, una postura crítica –como “judío laico” que era– con el estado israelí, una visión pesimista sobre los derroteros mercantilistas que amenazan la cultura y la universidad, una concepción de la crítica literaria entendida como la labor de un cartero que acerca con sencillez la carta –la obra– a los lectores, y una inquebrantable reivindicación de los clásicos.


Comparto algunos textos esenciales para conocer el pensamiento de Georges Steiner:


“Pienso en su saber enciclopédico animado por una sorprendente curiositas. Y pienso, sobre todo, en su pasión por la enseñanza, en su capacidad para compartir con los estudiantes y con el público en general el amor a la literatura y al conocimiento. George no sólo destacaba en el terreno de la palabra escrita. Era también un gran orador: su elegante elocuencia era capaz de inflamar a estudiantes y colegas” (Nuccio Ordine dixit).


“Como nos recuerda Montaigne, más allá de los lazos biológicos (no elegimos a nuestros padres ni a nuestra hermana) o amorosos (en los que siempre existe el egoísmo del deseo erótico), la “comunión” de la que se nutre la amistad, evitando cualquier tipo de ventaja utilitaria, se convierte en la más alta y noble expresión de lo gratuito” (Nuccio Ordine dixit).


“A mi juicio el ejercicio de la crítica debe expresarse en un estilo elevado”. (Georges Steiner dixit).


“En muy pocas ocasiones he hablado mal de un libro: en general, si no le concedo valor, no hablo de él. Soy un crítico positivo: escribir sobre un libro significa también saldar una deuda de gratitud”. (Georges Steiner dixit).


“La verdad está siempre en el exilio. Una máxima que ha marcado la existencia de Steiner hasta el punto de inducirlo a tener el equipaje siempre preparado para la marcha”. (Nuccio Ordine dixit).


“Escuchar un concierto, devorar una novela, contemplar un cuadro no significa perder el tiempo: significa ganar tiempo para uno mismo y para los demás, contribuyendo a hacer la humanidad más humana”. (Nuccio Ordine dixit).


“Hoy, se respira un aire peligroso en nuestro continente. Me produce un gran temor el viento xenófobo y antisemita que sopla en muchos países europeos. El odio al extranjero, la caza del judío, la apología de la autodefensa y de las armas son los peligrosos signos de una terrible regresión, un preludio a la violencia. (…) Si seguimos por ese camino de barbarie, ¿qué quedará de la Europa de los cafés, de la Europa del pensamiento y de la cultura?”. (Georges Steiner dixit).





Título: Georges Steiner, el huésped incómodo

Autor: Nuccio Ordine.

Editorial: Acantilado.

Páginas: 128

Año: 2023

miércoles, 10 de junio de 2026

 



EL TIEMPO DE LOS LIRIOS,

Vicente Valero



Aunque busqué en esta obra un ameno libro de viajes, al final he encontrado demasiada erudición, hasta el punto de que su lectura ha acabado siendo onerosa por la exhaustiva explicación de pinturas e iglesias, de escritores y pintores que admiraron no solo la Umbría sino sobre todo la discreta figura de San Francisco de Asís. El tiempo de los lirios está a medio camino entre un libro de viajes y un documentado ensayo cultural. Al decir de Vicente Valero (Ibiza, 1963), es el resultado de unas vacaciones espirituales en el espacio de la Umbría, un regreso al medievo en el que vivió San Francisco de Asís, rodeado de sus discípulos y de Clara, su gran discípula. 


Por ello se agradece que ocasionalmente abandone el autor   las profusas explicaciones y dirija la mirada a su entorno: “Por la mañana temprano, mientras llovía y los jardines de la ciudad olían a laurel y a rosas, me he asomado a la ventana. En estos días tranquilos de marzo, casi sin turistas ni peregrinos, con este cielo de la Umbría que a ratos parece tener el mismo color que los ábsides de las iglesias y los olivos de sus milenarios pueblos, no es difícil que el espíritu de esta ciudad penetre en nosotros como la humedad o la luz de una primavera esperada desde hace tiempo”.


El tiempo de los lirios podría definirse como un homenaje a San Francisco de Asís (el alter Christus, el povorello) y a la Umbría, el espacio geográfico en el que vivió: “A lo mejor el problema del joven Francesco, pienso ahora, consistió en la necesidad de escapar de aquellas cerradas, pétreas, oprimentes ciudades: poder respirar en la naturaleza abierta de la Umbría, caminar, observar a los pájaros, bañarse desnudo en los ríos, ser un Thoreau de la Edad Media”.


Este libro invita a pensar en la vigencia del mensaje de San Francisco de Asís, pues no cabe duda de que en estos tiempos líquidos su mensaje es considerado por muchos como una vía de salvación y autenticidad, aunque como matiza Vicente Valero: “Todos aman a San Francisco, claro está, pero nadie quiere ser pobre por ahora”.


Como ya se ha dicho, cuando el narrador describe las calles, las plazas y el paisaje la obra gana en belleza literaria: “Se nos ha hecho de noche en Perusa. Caminamos sin rumbo entre las frías y antiguas piedras, solamente por caminar y recibir el aire nocturno y aromático de la primavera. Hay una tristeza en la Umbría que no se encuentra en otras regiones de Italia, pero no es fácil definirla, explicar su origen. Una tristeza que, aun así, consigue atraparte, se convierte poco a poco en una melancolía dulce como la de los rostros amorosos de las vírgenes prerrenacentistas o la de las ermitas perdidas en un bosque alto y húmedo. Una tristeza en la que se está plenamente feliz”. 


El tiempo de los lirios es, en suma, un recorrido por la Umbría, una descripción de sus paisajes y monumentos, un acercamiento detallado al hermoso mundo de San Francisco de Asís, y al mismo tiempo un homenaje a los muchos escritores y pintores que por allí pasaron atraídos por la cultura y la espiritualidad (Montaigne, Goethe, Herman Heese, Simone Weil, Turner, Lo Spagna…). Pesa, sin embargo, tanta erudición ensayística y se echa en falta la mirada del escritor de viajes.




Título: El tiempo de los lirios

Autor: Vicente Valero.

Editorial: Periférica.

Páginas: 224

Año: 2024

viernes, 29 de mayo de 2026

 



UN ESTALLIDO

(Antología de la poesía española 2000-2025), 

Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández



Mi curiosidad por conocer la nueva poesía y mi afición a coleccionar antologías poéticas me han llevado a dedicar unas horas a este libro que la editorial Cátedra, con extrema generosidad, intenta colocar en la futura historia de la literatura con la intención de explicar este presente tan diverso. Y quizá se hable de este florilegio no tanto por la calidad que atesoran sus poemas –una cartografía poética inabarcable por la pluralidad de tendencias–, sino por su condición de libro generacional. 

Uno desearía, a pesar del abismo vital que existe entre los poetas antologados en Estallido y quien esto escribe, encontrar voces que conmuevan, pero mayormente encuentra ecos.

En las páginas de la introducción advierto ya una jerga interpretativa que dista mucho de otros estudios preliminares que con palabras más o menos sencillas han explicado las peculiaridades temáticas y formales de muchos poetas que forman parte del catálogo de esta colección. Y, sin embargo, los especialistas en poesía contemporánea que acometen la ardua labor de poner orden a tanta variedad, son también los que muestran una exégesis algo abstrusa. Hacer crítica poética se asemeja cada vez más a elaborar un discurso “alternativo-opinativo”, sustentado en conceptos filosóficos de toda índole. Dejando al margen cierta oscuridad del texto, la labor de los antólogos es encomiable, pues logran trazar un discurso con abundante bibliografía. Sin embargo, no sé si yerro al afirmar que sus comentarios van dirigidos principalmente a especialistas. Espiguemos varios ejemplos, sin pretender discutir el mérito que subyace en dicha introducción: 


-Conjuros y cantos (2016), de Sara Torres, sobre las ritualidades del deseo lésbico y su genealogía literaria e incidencia discursiva; Luciérnaga (2017), de Alba Ceres, que tematizaba la pérdida entre la suspensión lingüística; o afasias (2019), de Lucía Boscà, que incidía en la (im)posibilidad de decir de la palabra-cuerpo a través de su tensión, negación e inspección de alternativas comunicativas (p. 34).


-Por más que el escenario poético todavía arrendara oscuras dinámicas de (i)legitimación o (in)visibilización de propuestas, la creación de estos espacios de acogida y reunión de voces entonces alternativas (…) aseguró el funcionamiento no conflictivo de este sistema binario, repleto de cruces y convivencias, tanto esos espacios literarios, digitales o vivenciales como performativos (p. 38).


-Priorizan, así, la sensación fragmentaria sobre la imagen, potenciando los espacios de indeterminación y de vacío a partir de un ejercicio de suspensión (p. 53).


-La obra poética de María Salgado potencia las capacidades disidentes del lenguaje. Esto es, lo expande, lo disloca y lo separa de sus contextos cotidianos para rastrear sus fallas y contradicciones, aquellas que el propio relato dominante ha ocultado. Su poética lenguajeadora (sic), en ocasiones logofágica, y siempre mordaz, desborda la gramática en busca de una comunicación antihegemónica (p. 117).


Después de la densidad argumental de la introducción, me adentro en la lectura de los poemas, y compruebo que, más que enriquecimiento, siento una cierta incomodidad, porque el verdadero “estallido poético” no deslumbra sino, más bien, me llena el corazón de versos fríos. A pesar de ello, persevero por varios motivos: por mi deseo de conocer la poesía de jóvenes poetas premiados; por leer poemas nuevos que me han resultado intransitivos por su escasa emotividad (aunque hay poetas que sí me interpelan, como Ben Clark, Elena Medel, Martha Asunción Mateo,  Javier Vicedo Alós, Juan Gallego Benot y Rosa Berbel, y algún otro u otra); por reafirmarme en la idea de que el “vanguardismo” formal y temático es una propuesta que dificulta la comunicación con el lector; y por leer para cerciorarme de que me alejo de un presente en el que también existen libros de poemas –como el que me ocupa– que contienen escasa poesía. Invito al curioso lector a que lea esta antología y extraiga sus propias conclusiones, porque tal vez yo pudiera estar equivocado.



Título: Un estallido. Antología de la poesía española 2000-2025

Edición a cargo de Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández

Editorial: Cátedra. Letras Hispánicas.

Páginas: 454

Año: 2026


martes, 5 de mayo de 2026

 





Tejoqui y Chavalicu, mi particular guiño juvenil al Quijote, 

sigue sus andanzas y llega a más institutos



Doy las gracias al profesorado y al alumnado del IES Vicente Verdú por acoger a mi Tejoqui y Chavalicu, una novela que me sigue dando grandes alegrías. Para mí es un gran orgullo comprobarlo en cada encuentro con los jóvenes lectores, a quienes animo a que sigan leyendo. Aprovecho también para recordarles algunas características de mi Tejoqui.

1º. Mantiene una estructura similar al Quijote.


2º. Incluye cartas y utiliza una tipología textual fundamentalmente dialogada.


3º. El protagonista es un joven cartero “contaminado” de lecturas de libros de historia, que da saltos en el tiempo cada vez que el nombre de una calle le sugiere algo que vale la pena compartir con Chavalicu. 


4º. Tejoqui comparte el entusiasmo permanente de nuestro admirado don Quijote.


5º. Está locamente enamorado de su particular Dulcinea, a quien nombra con el bello nombre de Palmira.


6º. Y, por último, tiene una pócima milagrosa que le repone cuando ha sufrido algún contratiempo, y que no es otra que la horchata, una bebida de incomparable sabor.

lunes, 4 de mayo de 2026

 



                    NECESIDAD DE LITERATURA, Emilio Lledó 



Una impecable edición publicada por Nordicalibros, e ilustrada por Eugenia Ábalos, pone en nuestras manos tres breves ensayos de Emilio Lledó, un filósofo que siempre ha demostrado interés por el poder transformador de la palabra. Sus textos (“Necesidad de literatura”, “La libertad de hablar” e “Identidad”) profundizan, de manera sucinta, en algunas de las cuestiones esenciales que han influido en nuestra visión del mundo.


“La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad. Un horizonte de alegría, de luz reflejada y escudriñadora, nos deja presentir la salvación, la ilustración, frente al trivial espacio de lo ya sabido, de las aberraciones mentales a las que acoplamos el inmenso andamiaje de noticias, siempre las mismas, porque es siempre el mismo nuestro apelmazado cerebro. Los libros nos dan más, y nos dan otra cosa. En el silencio de la escritura cuyas líneas nos hablan, suena otra voz distinta y renovadora. En las letras de la literatura entra en nosotros un mundo que, sin su compañía, jamás habríamos llegado a descubrir. Uno de los prodigios más asombrosos de la vida humana, de la vida de la cultura, lo constituye esa posibilidad de vivir otros mundos, de sentir otros sentimientos, de pensar otros pensares que los reiterados esquemas que nuestra mente se ha ido haciendo en la inmediata compañía de la triturada experiencia social y sus, tantas veces, pobres y desrazonados saberes.


     “La literatura no es solo principio y origen de libertad intelectual, sino que ella misma es un universo de idealidad libre, un territorio de la infinita posibilidad. Los libros son puertas que nadie podría cerrarnos jamás, a pesar de todas las censuras. Solo una censura sería realmente peligrosa: aquella que, inconscientemente, nos impusiéramos a nosotros mismos porque hubiéramos perdido, en la sociedad de los andamiajes y los grumos mentales, la pasión por entender, la felicidad hacia el saber.

[…]


“Tendríamos que agradecer a todos esos escritores que nos acompañan, en el siempre breve espacio de nuestra vida, el que nos hayan entregado sus palabras que construyen una humana manifestación de eternidad”.

domingo, 5 de abril de 2026

 




“Madera viva”, de LA VIDA EN ÁMBAR, Julián Montesinos



Vuelvo a un antiguo libro de poemas con la intención de “retocar”  algunos versos. El resultado es el que muestro a continuación. Cada vez me parece más legítimo la posibilidad de modificar, aceptar o renegar de lo escrito. Coincido con Juan Ramón Jiménez en su idea de que el escritor tiene la potestad de hacer lo que considere con su pequeña obra, aunque también es cierto que hay un momento en que conviene no tocar ya más, “que así es la rosa”.




Hace tiempo que puse 

un cartel en la casa de mis padres:

“Se vende en barrio obrero hermosa casa

con luminosas vistas a un futuro soñado”.

Más tarde la vendí a un hombre que solía

contemplar los gorriones 

en los cables combados de la luz.

Me prometió cuidar los viejos muebles

y colgar algún cuadro de motivos florales.


Ayer volví a esa casa y me detuve

ante una puerta vieja

que ya no me conoce,

que ignora el entusiasmo de aquel niño que fui.

Entonces mi recuerdo atravesó

esa puerta cerrada:

escuché a mis amigos corriendo por las calles,

contemplé aquel mundo jubiloso,

vi de nuevo los árboles que trepé tantas veces,

y en el aire sentí la misma libertad 

del niño que jugaba en la calle sin pensar

en los tiempos verbales del futuro.


Frente a una cerradura oxidada, 

todo cobró sentido.

Bastó con ese gesto para desmadejar

lo vivido y cruzar con la mágica llave

esa madera viva que me lleva al pasado

y me trae recuerdos

de trigo verde y luz de primavera.


Me cuesta describir la imagen de mi infancia

cuando el recuerdo arde.

Es cierto que esa casa ya no es mía,

porque hace tiempo puse un cartel

para poder venderla:

vivienda con dos plantas grandes y luminosas 

y un pequeño jardín con vistas al futuro.

Aún recuerdo el cartel 

con esas siete letras de “Se vende”.

Levemente inclinado,

soportaba en silencio el peso de mi vida.


Ahora esa casa ya no me pertenece,

pero nada me impide que me acerque

y toque su madera, que acaricie la llave

que guardo en el bolsillo

para abrir lentamente con mi imaginación

esa puerta dormida y recordar 

a quienes me entregaron la dicha de vivir.