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miércoles, 6 de septiembre de 2023

             ANOTACIONES A PIE DE PÁGINA, 

             Ramón Bascuñana





 

Sorprende la original estructura de este poemario que recibió el pasado año el Premio Juan Gil-Albert convocado por el Ayuntamiento de Valencia. Los cuarenta y cuatro breves poemas que lo forman son el resultado de interpretar –una especie de exégesis poética– las citas que los preceden. Pero, además, pudiera decirse que estas citas seleccionadas sirven de título, pues sintetizan desde el principio la esencia del poema, como si fueran –y valga mi atrevida interpretación– la jarcha que sirve de colofón a una moaxaja, pero al revés.

         Silencio, miedo, soledad, poesía, poemas, sentido de la creación, engaño… son, fundamentalmente, los temas que se tratan de manera recurrente en este libro. Son palabras claves entresacadas de los propios poemas, que giran de manera centrípeta sobre un núcleo temático básico, que es fundamentalmente la reflexión sobre el acto creativo, entendido como instrumento que da sentido a la vida. 

La obra en su conjunto es en un continuo reflexivo –presidido por una acertada claridad expresiva–, que contiene una visión desesperanzada del mundo. Son muchos los poemas que se cierran con una aceptación de la derrota: “…y aspirar al fracaso / que todo amor conlleva” (p. 19); “Desde la culpa de la adolescencia / hasta esta derrota / tal vez definitiva” (p. 23); “Pues quien busca verdad tan sólo encuentra mentiras. / Las que la vida oferta para seguir viviendo” (p. 34).

         Un libro meritorio, original, reflexivo, de pulcra y desnuda escritura, del que comparto el siguiente poema:

 

 

 

Al final del poema está la muerte.

JUAN MARÍA CALLES

 

 

Casi al final de todo está la muerte, / porque todo final / necesita una puerta de salida. / Y es que todo poema / tiende a la derrota. / Ilumina y se apaga. / Se eleva y se derrumba. / No nos salva el poema / o tal vez sólo salva / a quien así lo quiere. / Cuestión de fe, quizás, / aunque yo no la tengo. / No nos salva el poema, / sólo nos resucita unos instantes / en la voz de los otros / y cuando se termina / fracasamos de nuevo, / porque al final de todo están la muerte y la nada, / el silencio: la tumba del olvido.

 

 

 

 

 

Título: Anotaciones a pie de página.

Autor: Ramón Bascuñana.

Primera edición: 2023.

Páginas: 54.

 

 

 

sábado, 17 de octubre de 2020

 

 

 

6 SEIS 6, Ramón Bascuñana

 



 

 

Este libro es un poemario valiente, crítico, emotivo, despojado, auténtico. Llevo años leyendo con interés la obra de Ramón Bascuñana, y tanto sus libros de poemas –Los días del tiempo, Apariencia de vida, entre otros– como sus cuentos –Lectores compulsivos y Todas las familias infelices– siempre han dejado en mí un grato recuerdo.

         Despojado del corsé de muchas cosas (retórica, palabras consideradas poéticas, puntuación, mayúsculas…), Ramón Bascuñana se deja llevar, a corazón abierto y sin sensiblería, por la senda de la autenticidad, de su íntimo presente convulso y de los sucesos cotidianos que le afectan.

Estructurado en tres partes, cada una de las cuales contiene a su vez seis poemas, el poeta desarrolla los temas que le acucian: el paso del tiempo, las trampas de la vida, la vejez inexorable y cruel que atenaza al padre, la abnegada entrega de la madre, la denuncia social ante tantas injusticias, el sinsentido de las guerras, el dolor que nunca cesa… Y, al mismo tiempo, la crítica que subyace en este discurso poético posee una contenida y despojada elegancia, que aleja al poema de la plana denuncia.

         En el poema que abre el libro, “Estado de desánimo”, ofrece algo así como un ajuste de cuentas personal:

 

hoy tengo el cuerpo roto en mil pedazos

y ya me da lo mismo cualquier cosa

porque no siento más que la tristeza de estar vivo

y el lento palpitar de un corazón cansado

que ve pasar los días los meses y los años

y no encuentra sentido a casi nada

 

porque la vida es siempre casi nada

 

         En otros poemas R. Bascuñana expresa el desamparo ante la escasa conciencia cívica que observa (“y solo nos queda en la mirada impotencia”); y ante los abusos en un mundo lejano y cruel, lleno de injusticias, que no le es ajeno: “ha muerto el último pediatra de alepo / se llamaba mohammed wasim moaz / y nunca podrá cumplir los treinta y siete años”. Esta solidaridad con el desprotegido le lleva a denunciar el dolor irracional del fundamentalismo religioso que anula la libertad, hasta el punto de solidarizarse con las niñas ultrajadas en África: “mis versos las rescatan a modo de epitafio”. E insiste, como ya se ha dicho, en la desolación que supone la vejez: “nadie les avisó / del precio que se paga por la vida / cuando nos vertimos en despojos”.

         En la aparente sencillez de estos versos se esconde mucho oficio de poeta y una acerba crítica ante la vigencia del odio al diferente, porque el odio “es un material pesado repleto de impurezas”. Y ante tanta incomprensión, el discurso se tiñe de un pesimismo que revela una concepción nihilista de la existencia:

 

porque la vida es un estercolero

somos los desperdicios de la vida

la carroña de un cuerpo que se pudre

mientras el buitre de la muerte espera

devorar nuestros restos

al borde del camino

 

         Ya he aludido al despojamiento verbal, a su decir desnudo y directo, a la agradabilísima lectura de unos rítmicos versos casi siempre heptasílabos y alejandrinos, en los que sorprenden escasas pero logradas imágenes (“morir no es importante / al final solo importa el azul de la vida / … y aceptar la tristeza / la insólita tristeza de vivir como somos”) y algunas comparaciones y anáforas que traigo testimonialmente a colación:

 

o como si se quebrasen ramas secas de un árbol desgajado

o como si la melancolía del porvenir no tuviese importancia

y la sangre no tuviese importancia

y la vida no tuviese importancia

 

         Insisto: este libro es un poemario valiente, crítico, emotivo, despojado, auténtico.


martes, 1 de mayo de 2018












EL CENTRO DE LA SOMBRA, Ramón Bascuñana
LOS POEMAS ELÉCTRICOS, Ramón Andreu


Da gusto encontrarse en la mesa de novedades de la biblioteca pública de Santa Pola con dos libros de poemas de autores conocidos. De Ramón Bascuñana he leído varios de sus poemarios, y es para mí uno de los poetas más notables del panorama nacional, en la medida en que aúna un gran dominio del verso y un mundo propio expresado siempre con verdad, autenticidad y un logrado lirismo.
      A su lado, en la misma mesa de novedades, cojo el libro de Ramón Andreu, y aunque temo que me dé un calambre –por eso de los kilovatios apresados entre sus tapas–, leo su libro con mucha intensidad, un libro cuya lectura fluye con la misma sencillez, sin vacuas pretensiones, con la que está escrito, un libro que me ha gustado mucho.


         [un barco se construye con palabras]

ni con finas maderas
que resistan el agua de los mares
ni con sabiduría

un barco se construye con palabras

porque un barco no existe
si no puedes nombrarlo
si no puedes hablar de su velamen
de su proa y su popa
del timón y las jarcias

porque las cosas son únicamente
cuando puedes nombrarlas
y aunque no existan son
si existen las palabras para ellas


       [para morir nacidos]

cuanto más envejezco más creo en el absurdo
de una vida que no tiene sentido si la piensas
porque pensar la vida conlleva no vivirla
asumir que no tienen respuestas las preguntas
que vivimos pendiente de la espada del tiempo
que el amor es la droga que altera los sentidos
y nuestras percepciones son falsos espejismos
que tornan soportable el dolor de estar vivo
cuando piensas la vida
                 y cuando a cada instante
el estéril latido de una sangre alevosa
nos recuerda que estamos condenados al sueño
del olvido perpetuo al silencio a la nada

dioses sin paraísos para morir nacidos
 
El centro de la sombra, Ramón Bascuñana.

                                    … …


         Breve estudio sobre la nada

A don Pascuale

Este agujero que tengo
algunos lo sitúan en el alma;
otros, en cambio,
hablan sin para de sus causas,
de la brutalidad del mundo.

La gran mayoría
alude al plomizo peso
de la soledad
y sus noches insomnes.

Sin embargo,
los más prestigiosos expertos
creen con total convencimiento
que esta oquedad tan llamativa
se puede localizar
sin mucho esfuerzo
en los cráneos inundados de flores.

Pero los dos sabemos
que este vacío
no se encuentra en ningún sitio
y no habla de lo que somos
o pudimos haber sido;

lo único que hace es
susurrarnos al oído
los secretos de la nada
y su dulce hedonismo.

       Los poemas eléctricos, Ramón Andreu.

viernes, 16 de octubre de 2015





LECTORES COMPULSIVOS, Ramón Bascuñana

Estaba ocupado con la lectura de los cuentos de Ramón Bascuñana (Lectores compulsivos, Aguaclara, 2011), cuando por deferencia del autor me llegan dos de sus nuevos cuentos premiados: La hipótesis perfecta (XVI Certamen Literario Villa de Navia) y El hombre tranquilo (XLIII Concurso de Cuentos José Calderón Escalada). Y le doy las gracias por haber podido leer estas maravillosas narraciones que nos sumergen en ámbitos temáticos inquietantes (el dolor, el abuso sexual, la llegada de un inmigrante muerto a una playa nudista…). Pero lo que más me gusta es el estilo con el que Ramón Bascuñana se enfrenta a su materia temática, cómo es capaz de ofrecernos un cuajo de vida en cada cuento. Por eso, me sorprende la calidad estilística que alcanza con narraciones que son maravillosos ejemplos de intensidad, belleza plástica, referencias culturales, perfecta cadencia narrativa, estructuras circulares, etc. En fin, una exhibición de las diferentes maneras de abordar eso que, según los teóricos, debe ser un buen cuento: una tesela narrativa donde nada falta ni sobra.

Lean el comienzo de La hipótesis perfecta :

“Querido profesor de Literatura:

Es tarde y estoy triste y le escribo desde la culpa y el deseo y desde la hipótesis perfecta de la felicidad, que ya se sabe que es un hipótesis falsa, pero que los humanos necesitamos creernos a pies juntillas para no suicidarnos a las primeras de cambio como se suicidaron poetas como Gérard de Nerval o Florbela Espanca que escribió aquello tan bonito y tan romántico de ‘¿Qué nos importa el mundo y sus asuntos? / ¿Qué nos importan los amores vanos? / ¡El mundo, Amor, son nuestros labios juntos!’. Es tarde y estoy triste y le escribo desde esta cama de adolescente rebelde que no es tan rebelde como aparenta ser y que no sabe muy bien por dónde empezar esta carta y esta historia…”.

lunes, 8 de junio de 2015





APARIENCIA DE VIDA, Ramón Bascuñana

No he dejado pasar la oportunidad de asistir a la presentación del último libro de poemas de Ramón Bascuñana (Apariencia de vida, II Premio de Poesía Fernando de Herrera). Le conocí a finales del siglo pasado (¡cómo pasa el tiempo!) en el transcurso de unas lecturas poéticas en la Vega Baja, y ya entonces advertí que había en sus versos una ausencia de impostura, es decir, la plasmación de una verdad literaria y vital.
Estamos ante un libro que reflexiona fundamentalmente sobre los estragos que causa el paso del tiempo (diría que uno de los temas predilectos del autor) , sobre el valor de la palabra y la nostalgia de la infancia. Y también se trata de un libro metaliterario en la medida en que el poeta pone en tela de juicio si todo lo que durante un tiempo creyó (el valor de la literatura) ha supuesto un alejamiento de la vida (la necesidad de vivir). El poeta ofrece unos poemas meditativos y narrativos, en sintonía con el Cernuda más inglés, sin llegar a una conclusión clara, sencillamente porque sabe que la literatura alimenta su vida y viceversa. Es decir, el oficio de escribir y el oficio de vivir se necesitan mutuamente.
En un principio, el poeta ama la literatura (cree en su poder salvífico), valora el “alto don” que supone poder escribir un poema que fije su experiencia vital:

Alto don

Alto don
escribir el poema que ha de ser escrito,
renunciar a la vida para pensar la vida
desde la perspectiva cruel de las palabras.
¿Alto don o condena? ¿Quién sabría decirlo?
Paradójicamente los contrarios engendran
lazos, correspondencias, sutiles simetrías
que como laberintos protegen el misterio
más allá del misterio de lo que no está escrito.
Lo inefable se explica al leer entre líneas.
El poema y la vida son amantes secretos.
Con el último verso comienza otro poema
que debe ser escrito para pensar la vida
desde la perspectiva cruel de las palabras.

En ocasiones hay que huir de la vida y buscar refugio en la palabras y en la poesía:

Qué importa no ser más que palabras.
Palabras y cenizas,
éstas que testimonian
que nadie sale indemne de la vida.

Desde la serenidad conviene leer este libro reflexivo que reivindica la vida y la literatura (¡qué más da que sea una apariencia de vida o una vida aparente! si nadie saldrá vivo de esta vida). Poesía y vida, esta es la eterna dualidad, entendida de manera copulativa no disyuntiva. No pueden existir la una sin la otra, porque se retroalimentan. 
Nosotros agradecemos que el poeta maneje con tanta sabiduría el alto don que se le ha concedido para escribir versos emotivos de manera tan elegante y clásica. Un don que los lectores compartimos cuando disfrutamos de poemas como este:

La muerte y el olvido

Pensamos que nos queda la vida por delante,
que tiempo habrá más tarde de consumar los sueños,
que no puede un mal día durar eternamente
y que una mala noche la padece cualquiera,
que a pesar de los cambios, la esencia permanece,
que todos los esfuerzos tienen su recompensa,
que un éxito nos salva de todos los fracasos
y un fracaso no empaña los éxitos logrados,
que estamos protegidos de cualquier maleficio
por un dios invisible que habita en todas partes,
que la suma final de cualquier existencia
dejará en nuestro haber un saldo positivo.
Quizás alguien lo crea, mas no nos engañemos:
al final sólo quedan la muerte y el olvido.