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domingo, 9 de octubre de 2022

 

 

 

 

                UN AÑO Y TRES MESES, Luis García Montero

 

 


 

¡Qué decir de esta honda elegía que homenajea a quien se ha marchado y celebra, a la vez, el tiempo compartido! Un año y tres meses es un sentido poemario que da cuenta de la extrañeza que le produce la ausencia de la amada  (la conocida escritora Almudena Grandes ) y del dolor que le causa la continuidad de la vida sin ella.

         Poeta de una obra cercana a la cotidianidad, a la vida que palpita en las calles, a todo ese torrente de vida reconocible en versos emotivos y claros, Luis García Montero (Granada, 1958) ha salido airoso de un libro que en ningún momento cae en el patetismo, sino que más bien celebra la vida con poemas contenidos y de cuidada métrica, tal y como se expresa en los versos que cierran el libro: “Comprendí el argumento de esta historia / en la noche estrellada, / una historia de amor, / este año y tres meses, / estos días finales que ya son, / ahora, recordados, / los más felices de mi vida”.   No obstante, también hay poemas en los que reflexiona sobre el sentido de la muerte y sobre cómo será esa no vida que llaman eterna.

         La poesía de Luis García Montero se ha convertido, para muchos jóvenes, en la puerta de entrada al género poético. Desde que surgiera esa tendencia de la “la nueva sentimentalidad” como abanderada de lo que ya se conoce como la poesía de la experiencia –¿qué poesía no brota de una experiencia, del orden que sea?–, la obra de Luis García Montero ha ido ganando lectores. Con Un año y tres meses cierra el círculo que inició con el deslumbramiento amoroso que supuso Completamente viernes (1998).

         Con predominio de los endecasílabos, heptasílabos y eneasílabos (un metro algo infrecuente), sorprende el cuidado y el acierto con el que se cierran muchos poemas: “Nunca tuvieron las miradas / tanto amor a la vida”; “Orillas del mar, / dejadnos soñar”; “Que todo esté en su sitio / es el mayor desorden que puede imaginarse”.

 

LECTORES

 

TAMBIÉN es el amor una luz negociada.

Somos barcos nocturnos que fondean

en esta habitación

junto a una cama que parece un puerto.

 

No me importa que tardes en apagar la luz

si me quedo dormido en tu lectura.

Un faro parpadea muy pegado a tu cuerpo

para que Ulises pueda hace justicia,

mientras que Fortunata

naufraga por las calles de Madrid

y la esperanza se defiende

con uñas y alegría

en la ciencia ficción de cualquier cuerpo.

 

Tampoco tú protestas

si yo enciendo la luz antes de hora.

Duermo poco. Digamos que a las cinco

mi mesita de noche es una dársena

donde hay carga y descarga de palabras

que pasan a tu sueño.

Por Nueva York camina Baudelaire,

Federico en París,

mientras Machado cruza la frontera

y Cernuda nos habla de Galdós

bajo el cielo de México.

 

El amor es también una luz negociada.

Me das tus sueños al vivir los míos.

Te doy mis sueños al guardar los tuyos.

Historias que se enlazan como cuerpos.

 

HISTORIA DE UN DESORDEN

 

LAS botellas están en las despensa,

la ropa en el armario,

las horas en sus días,

los coches circulando por las calles

con un sentido regular del tráfico,

más precisos que nunca los recuerdos,

cada uno en su año y su ciudad,

las tierras y los mares en los mapas,

la pantera en la selva, la luna en sus poemas,

las ideas, las dudas, las pasiones

hechas a resistir consigo mismas,

por géneros los libros,

los números por orden alfabético

en las agendas del teléfono,

las letras como cifras en los ordenadores,

las dos almohadas en la cama,

las zapatillas simulando espera

con su tranquilidad de buen rebaño…

Que todo esté en su sitio

es el mayor desorden que pueda imaginarse.

 

 

 

 

Título: Un año y tres meses.

Autor: Luis García Montero.

Editorial: Tusquets.

Año de publicación: 2022.

Páginas: 69.

 

 

 


sábado, 3 de marzo de 2018









ROPA DE CALLE. ANTOLOGÍA POÉTICA (1980-2008) y
A PUERTA CERRADA (2011-2017),
Luis García Montero


Por una vez, las notas volanderas tomadas durante la lectura acompasada de un libro serán, sin el filtro del crítico, el material ofrecido a los escasos lectores de este blog. Cuando leía Ropa de calle. Antología poética (1980-2008) y A puerta cerrada (2011-2017) muchas ideas suscitaban sus poemas, y fueron tantas que pensé que requerirían demasiado tiempo de redacción. Lo mejor es invitar a los lectores a que acudan a la obra de Luis García Montero y mostrar algún poema representativo, a sabiendas de que son muchos los que merecerían ser compartidos.
      Al hilo de la lectura, me asaltaban ideas que traslado tal y como llegaron: el retorno constante de la infancia; el amor en sus múltiples facetas, desde el asombro transformador de Diario cómplice –con sus sutiles concomitancias a La voz a ti debida– hasta la nostalgia optimista de A puerta cerrada; la sociedad como germen y origen de una producción poética que busca el diálogo machadiano con el otro; el paso del tiempo y sus devastaciones; el hermetismo surrealista de los primeros poemas y la claridad cada vez más autobiográfica de sus últimos poemarios; las reflexiones sobre el poema y la poesía en la medida en que más que cambiar el mundo pueden influir en esos lectores-ciudadanos que podrán mejorar el mundo en que vivimos; la tendencia a la narratividad de algunos poemas y el marco espacio-temporal necesario para ubicarlos; el necesario compromiso con lo colectivo y lo cotidiano; la selección de un lenguaje cercano y eficaz bien seleccionado; y otra vez el tiempo que muerde los días (“El tiempo es un camino desandado / que nos encierra en casa”); la muerte que se acerca como un lobo, palabra reiteradamente nombrada en A puerta cerrada; y dos preocupaciones que se imbrican cada vez más (la intimidad del poeta, su cuerpo latiendo de deseo de vivir, y el mundo, esa geografía que incorpora al poema); también la conciencia social y moral del poeta siguen atentas: “Se trata de sentirse conmovido, / de vivir fatigado”. En su último libro, A puerta cerrada, el recurrente “lobo” se convierte en el símbolo de una amenaza, del tiempo feroz que barre las ilusiones, del descreimiento en el que el poeta adulto se sitúa, aunque nunca dejen sus versos de alentar un melancólico y matizado optimismo.
      Los siguientes poemas que cito exigirían un comentario más detenido: “Entretiempo”, “Una tristeza sentada”, “Una nostalgia”, “El instinto”, “Callado y fijo”, “La fiesta”, “La tarde”, “El silencio y el ruido”, “”Indulto”.


MADRE

Dentro de nada,
cuando me den permiso
las estúpidas fieras de mi tiempo,
cumpliré una palabra que nunca me pediste.
Te llevaré a París.

Porque tal vez, entonces,
en los Campos Elíseos
o en las aguas del Sena,
con Notre Dame al fondo o con la Torre Eiffel,
veré de nuevo el brillo
más joven de tus ojos,
la luz adolescente
que baja del tranvía
con bolsas y comercios y saludos
y poco más de veinte años.

Hoy te recuerdo así,
como los días sin colegio,
bandera hermosa de un país difícil,
lluvia delgada de los sábados.

Nunca guardaste mucho para ti.
Ni siquiera una noche,
una ciudad o un viaje.
Tu tiempo se sentaba en nuestra mesa
y había que partirlo como el pan,
entre tus hijos y tu miedo.
Seis veces el temor
a que la enfermedad, el vicio o la desgracia
se quisieran sentar en nuestra mesa.

No vayas a salir, a dónde vas ahora,
hay que tener cuidado
con los amores y las carreteras,
deja ya la política
o la gruta del lobo.
Y sin embargo
lo que no te atrevías a pedir
duerme en el corazón de cada uno.

Porque el amor se hereda
como un abrigo sin botones,
y a mí me gustaría acompañarte
por los pasillos del museo,
más obediente y repeinado,
para encontrar en la Gioconda
el sueño y la sonrisa
de un carné de familia numerosa.

Te llevaré a París
o a la ciudad que duerme
en la taza de té de tus meriendas,
con tu cristalería
de familia burguesa
y más aspiraciones que dinero,
con tus dientes manchados de carmín,
con tus estudios de Filosofía
y Letras, je m`appelle
Elisa, j`ai cherché
la lune, la mer, la vie,
la pluie, mon coeur,
y todo se interrumpe.

Sólo somos injustos de verdad
cuando sabemos que el amor
no pasará factura.
Pero el cauce sin agua
también puede llegar a desbordarse,
como los ríos de Granada,
y a tu lado me busca
esta vieja nostalgia de ser bueno,
de no ser yo,
de conocer al hijo que mereces.

Te llevaré a París. En mi recuerdo
has aprendido algo
de lo que te olvidaste en la vida:
pedir por ti, andar por tus ciudades.

De Vista cansada (2008)