jueves, 8 de abril de 2021

 

 


 

BONDAD, Julián Montesinos                                     

 

Para mi tía Encarna

La bondad se parece

a esa belleza interior sin materia

de la que hace tiempo habló un poeta

para nombrar lo esencial de la humanidad.

La bondad no busca el retorno de su entrega,

cae sobre el alma

como lengua de niebla en las colinas,

y se ofrece callada y sin medida.

La bondad no es una palabra moribunda,

sino un pecio que vive en las honduras

sin ser muy consciente de su valor.

La bondad se parece

a esa lluvia suave que empapa

la azulada redondez de la Tierra,

a la soledad de los amaneceres limpios,

a las chispas de luz

que brillan intermitentes en la lejanía

como aviones de papel que buscan

unas manos donde al fin existir.

 

 

 

 

sábado, 27 de marzo de 2021

 

 


MIGUEL HERNÁNDEZ VISITA

TODOS LOS AÑOS

LA CLASE DE 4º ESO

 

 

Querido Miguel:

 

Quiero que sepas que cuando explico a mis alumnos las figuras retóricas escojo siempre tus poemas. De tanto acompañarme en clase, te has convertido en nuestro profesor. Sin apenas transición, pasamos de tu obra a tu vida y viceversa, y concluimos que no hay otro poeta en el que la simbiosis entre ambas sea tan real.

Cuando comienzo a leerles tu “Elegía” surgen las preguntas, quieren saber quién fue Ramón Sijé, qué significa “elegía”. Aplazamos las explicaciones porque las sinuosas anáforas piden paso, entran por la ventana como entra la luz de los almendros en flor: “Temprano levantó la muerte el vuelo, / temprano madrugó la madrugada…”. Seguimos leyendo y somos conscientes de que las hipérboles aumentan la intensidad emocional del poema: “Tanto dolor se agrupa en mi costado, / que por doler me duele hasta el aliento”. Las antítesis chocan entre sí, rompen la lógica, convocan la polisemia: “Y siento más tu muerte que mi vida”. Proseguimos la lectura y advertimos que las metáforas son palabras intensas que se enredan con el polvo de la tiza y exigen ser explicadas: “Por los altos andamios de las flores / pajareará tu alma colmenera”. Con tu beneplácito, aludimos a otros versos que duermen el sueño eterno en Cancionero y romancero de ausencias: “Es tu risa la espada / más victoriosa”. El niño que todavía conservamos crece en todos nosotros, y nos dejamos llevar hasta los poemas de Viento del pueblo: “Para el hijo será la paz que estoy forjando”. De regreso de la intensidad, vemos cómo una sutil aliteración se hace presente en el aula para participar a su modo del festín poético: “A las aladas almas de las rosas”.

Concluido el poema, todos comprendemos que la expresión del dolor provocado por la muerte de tu amigo nos permite hallar en tu poesía una voz sanadora capaz de proporcionarnos, en la pérdida, el consuelo. La elegía se convierte así en un canto a la vida.

Gracias a tu poesía, querido Miguel, cada año renovamos nuestra amistad en esta aula de 4º ESO. Nunca olvides que muchos jóvenes andan perdidos en la niebla y necesitan tu palabra. Por eso, esperamos que sigas visitándonos, porque tenemos que hablar de muchas cosas.

 

 

sábado, 20 de marzo de 2021

LOCIÓN  DE LENGUA,
Juan Ramón Torregrosa
 
 

 

Loción de lengua es un maravilloso ejemplo de que solo con el conocimiento más profundo de la Lengua y la Literatura se puede escribir un libro de tan alto nivel creativo. El docente y el lector curioso se deleitarán al encontrar el acierto ingenioso y emotivo en la reelaboración de algunos tópicos de la literatura; y disfrutarán con breves textos donde brillan con novedad los recursos retóricos. Juan Ramón Torregrosa, destacado escritor con una delicada obra poética, comparte un libro que revela un contagioso amor a la Lengua y la Literatura, una disciplina que contiene –en estos tiempos de tanta mudanza– el  archivo emocional  y sapiencial de la humanidad.
    Loción de lengua es un pequeño libro –bella y pulcramente editado–que resume una vida docente; un texto variado que apetece saborear lentamente, con breves tragos de lectura, sintiendo unas veces, sonriendo otras, admirando siempre la pulcritud con que está escrito.
    Estructurado en cuatro partes (Juegos de espejo, Ejercicios de retóricas, Gramaticuentos y Etopeyas, homoninias y otros artefactos verbales), entre su pedrería miscelánea, descubrimos en seguida algunos diamantes que brillan tanto por su ingenio (“Écfrasis”, “Lección de botánica”, “Misterio”) o emoción (“Cosificación”) como por el deslumbrante quehacer poético que el autor desarrolla en décimas, décimas y sonetos (“Toneso con estrambote”).
    Quienes de manera vocacional hemos acabado siendo profesores de Lengua y Literatura, podemos estar de enhorabuena al leer el libro que Juan Ramón Torregrosa ha escrito. Paso a compartir unos breves textos con los lectores igual que lo haré con mis alumnos.

Dilema paronomásico

Si no le pago la paga me pega, y si la paga le pago me la pega. Por tanto, mi apego se apaga tanto si le pago la paga como si la paga no le pago. ¿Pago o no pago? ¿Me pega o me la pega? ¡Menuda pega!

Apostrofe gastronómoico
Me chupas la sangre, me sorbes los sesos, me devoras las entrañas, me roes el corazón y quieres, encima, que coma de tu mano y beba por ti los vientos. Hace falta estómago para soportarte. Vete a freír espárragos. Ni al que asó la mantequilla se le ocurre. No te trago.

Etopeyas
Era tan miedoso y cobarde que se asustaba del cemento armado. Y, claro, lo despidieron de la obra.

Tenía risa de hiena, lengua de trapo, orejas de soplillo, nariz de gancho, ojos de besugo y dientes de conejo. Vamos, que ni hecho por encargo.

Él llevaba un tren de vida escandaloso y ella estaba como un tren. El matrimonio no tardó en descarrilar.


EDA Libros
Benalmádena, Málaga, 2020










jueves, 4 de marzo de 2021

 

 

 

LULLABY VARIATION, Fernando Velázquez

 


 

 

 

UNAS POCAS PALABRAS, Antonio Moreno

 

               

               Esta noche la nieve oculta los caminos.

               Unas pocas palabras podrán bastarme ahora,

               cuando abrazo tu cuerpo y encuentro en su calor

               el más bello camino que recorrí en mi vida;

               unas pocas palabras podrán bastarme, amor,

               para hablar de tus pasos en esta noche sola,

               mi destino más alto, mi realidad más cierta.

 

               La tierra alta, Editorial Comares, 2006.


 

 

miércoles, 24 de febrero de 2021

 

 

 

 PÁJAROS EN UN CIELO DE ESTAÑO,  

Antonio Tocornal

 

 


 

El reconocimiento del escritor Antonio Tocornal va en aumento. En pocos años, ha obtenido los más prestigiosos premios de relatos y ha publicado las siguientes novelas: La ley de los similares, 2013; La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie (XXII Premio de Novela Vargas Llosa, 2017); Bajamares (XIX Premio de Novela Corta Diputación de Córdoba, 2018); y Pájaros en un cielo de estaño (Premio València 2020 de Narrativa en Castellano Alfons el Magnànim).

Tras leer su última novela publicada, escribo estas líneas para compartir, lejos de cualquier enfoque académico, la gozosa experiencia de la lectura. Quienes leen mis comentarios saben que la palabra “crítico literario” no se aviene bien con mi reticencia a juicios categóricos y académicos. Sin embargo, por una vez, me atreveré a decir que Pájaros en un cielo de estaño es una de las mejores novelas que he leído últimamente, no solo por su indudable calidad literaria, sino por la sabia construcción de unas historias que encuentran sentido en el microcosmos de Las Almazaras.

¿Qué se cuenta en esta obra? Muchas “cosas” bien narradas y demasiadas para centrifugarlas en el revuelto textual de este comentario. En Las Almazaras  –un espacio tan creíble como Macondo, Oleza, Vetusta y Comala– transcurre la vida de “los Pájaros”, una familia con trece hijos que, procedentes de Flandes, deciden empezar una nueva vida en un pueblo del sur. Leemos la larga carta que un escritor envía a un amigo de la infancia con el propósito de que este la enriquezca con sus aportaciones. Sabemos que se trata de un escritor afamado que rehúye la vanidad que contamina la escritura. Sus esfuerzos dan como resultado un lienzo vital trazado con una prosa límpida, rítmica, excelsa.

Destaca, por tanto, la perspectiva del narrador en primera persona, quien reconoce el sentido de su empeño: “Escribo para terminar de construirme” (p. 16); “La memoria es la verdad. Al fin y al cabo, nada queda de lo que realmente ocurrió salvo nuestros recuerdos. Por lo tanto, lo que recordamos es lo que ocurrió de verdad” (p. 22). En el penúltimo capítulo, el autor se dirige de nuevo al destinatario anónimo, a quien confiesa la pesadumbre que le procura la insoportable sucesión de los días idénticos, precisamente ahora que, al rozar “el septiembre” de su vida, el tiempo se acorta.

Sobresale la creación de unos personajes muy interesantes. Lo meritorio radica en que, sin apenas diálogos, el autor cuente con encomiable pulso narrativo la vida, casi siempre miserable, de unos personajes tratados con una contagiosa humanidad. Es el caso de el Mudo, que se comunica a través del sonido metálico de una trompeta; del cartero Picatostes, que tiene acumuladas en su casa numerosa cartas sin repartir, y a quien la vida finalmente sonrió allende los mares; de San Antonio el Pájaro, quizá el protagonista principal; de Trinidad el Mamón, cuyo oficio es desatascar los pechos de las mujeres puérperas; de la elegante caridad del panadero de Las Almazaras; de Elías el Motivos, escondido detrás de una chimenea para evitar que le den “el paseo” en la contienda civil; y la de tantos personajes, entre los que se encuentran los trece hijos y la esposa de San Antonio.

No puede obviarse el ritmo y la plasticidad de una prosa que permiten al lector visualizar de manera fidedigna la granja de “los Pájaros” y otros espacio de Las Almazaras. A ello hay que unir el fino humor que aparece en muchos pasajes, entre los que destacan la ambivalencia del término “flamenco” o el código musical que utiliza el Mudo para comunicar con la trompeta sus sentimientos a alguna moza del lugar. También destaca una poesía sutilmente integrada en la narración: “Tenía un amplio patio central con el suelo empedrado. En el medio, una higuera centenaria parecía dirigir todo lo que pasaba a su alrededor con sus mil batutas cenicientas” (p. 39). Y esta poesía sin estridencias vincula, a mi juicio, la obra de Antonio Tocornal con algunas novelas de los grandes autores del realismo mágico. Así parece confirmarlo las maravillosas páginas que dedica a una casa cubierta por la nieve o la lluvia de manera inexplicable; la creación de Herpes, el camaleón; el hormiguero que ocupa el interior del oído izquierdo del Número Siete; la sorprendente identidad de don Tarsicio, el maestro; la lluvia que provocaban Los Coloraos en los partidos de futbol; el don de la Pajarita para localizar, como una infalible zahorí, pozos de agua; y la capacidad de la madre de “los Pájaros” para predecir las muertes de los lugareños, un personaje muy afín a la lúcida Clara que inmortalizó Isabel Allende.

La ubicación de la novela en los años centrales del siglo pasado obliga al autor al uso de un léxico adecuado para lograr una contextualización eficaz. Hay detrás de cada capítulo tanta elaboración y cuidado estilístico que el lector advierte esa porción de verdad. Así, Las Almazaras y la granja de “los Pájaros” se convierten en el marco donde el autor va desgranando un sinfín de situaciones novelescas convincentes.

         Como lector que acostumbro a compartir lecturas, me siento feliz de recomendar Pájaros en un cielo de estaño. Les aseguro que, cuando lean un capítulo al azar, quedarán atrapados. Esta novela no puede ser un derrelicto (así se titula la web de Antonio Tocornal), que navega abandonado a merced de la marea. Necesita la entusiasta difusión de los lectores hasta que las grandes editoriales –ahítas de tantas propuestas uniformes– descubran a este autor, a quien solo me resta dar mi más sincera enhorabuena.

 

 

 

 

 

lunes, 22 de febrero de 2021

 

 

 

CAJA DE HERRAMIENTAS, recitado por  

Felicidad Alarcón

 

 

Quiero felicitar a la rapsoda Felicidad Alarcón por su acertada lectura del poema “Caja de herramientas”, incluido en mi libro La vida en ámbar (Pre-Textos, 2020)

 


 

sábado, 13 de febrero de 2021

 

 

EL FUEGO DE LA VIDA, Julián Montesinos Ruiz

 

XXVI CERTAMEN DE

CARTAS DE AMOR DE BARAKALDO (2º accésit)